¿Qué es la dispepsia?

Con la introducción de los criterios diagnósticos ROMA IV en 2016, se estableció una definición más laxa de la enfermedad y esto aumentó la prevalencia de la enfermedad en un porcentaje significativo. En España, diversos estudios que analizan la frecuencia de la enfermedad determinan que el 39 % de la población española había experimentado algún episodio de dispepsia en algún momento de su vida.
Dividimos la dispepsia en orgánica y funcional, siendo esta última la más frecuente, con una prevalencia en torno al 60 %. Cuando un paciente acude con síntomas compatibles con dispepsia y nunca ha sido evaluado se define la dispepsia “no investigada”, una vez que se realiza el proceso diagnóstico se categoriza la dispepsia como orgánica o funcional.

¿Cuáles son las causas de la dispepsia?

Dentro de las causas de dispepsia orgánica, existen dos tipos que se consideran más frecuentes, como son la dispepsia asociada a la enfermedad por reflujo (ERGE) y la enfermedad péptica. El consumo de fármacos tales como AINES, antibióticos, etc. constituye también una importante causa de dispepsia orgánica.
Otras causas como celiaquía, intolerancia a alimentos, neoplasias gástricas, afecciones pancreáticas son mucho más infrecuentes.

¿Qué síntomas puede producir una dispepsia? Y, sobre todo, ¿cuándo se debe preocupar una persona con dispepsia?

Los síntomas que se pueden producir son la plenitud postprandial y la saciedad precoz, si hablamos del síndrome de distrés postprandial y de dolor epigástrico, y ardor si consideramos el subtipo de dolor epigástrico.
La variabilidad clínica de la dispepsia es muy amplia, un dato importante a reseñar es que el uso de signos de alarma como dato para actuar proponiendo exploraciones complementarias no alcanza una fiabilidad más allá del 50 o 60 %. En un estudio reciente solamente la edad y la anemia fueron predictores de enfermedad orgánica, es decir de una causa secundaria. Existen otros datos como son la pérdida de peso, la aparición de disfagia, signos de sangrado, vómitos persistentes, que se pueden asociar a una causa orgánica.
El mensaje es que el paciente no debe preocuparse, pero saber cuándo debe consultar a un médico para tratar de decidir la actitud a seguir si se producen alguno de estos síntomas.

Los síntomas de una dispepsia pueden ser similares a los que tiene una persona con intolerancia a los alimentos. ¿Cuándo hay que hacer test de intolerancia a los alimentos?

Sí, sobre todo en la parte de síntomas referidos a la saciedad precoz, meteorismo y distensión abdominal, en el algoritmo diagnóstico inicial de un paciente con dispepsia no se tienen en cuenta habitualmente la presencia de alergia a alimentos, debido sobre todo a su menor frecuencia respecto a las causas de dispepsia orgánica comentadas anteriormente. Si un paciente no experimenta mejoría tras tratamiento con Omeprazol se suele plantear la realización de una determinación en sangre para descartar celiaquía, también se plantea la realización de una valoración de otras intolerancias como son lactosa y fructosa, por ello se reservan su determinación en un segundo tiempo cuando con las medidas habituales no se ha llegado a un diagnóstico.

¿En qué casos se pueden utilizar los antidepresivos y por qué?

Dentro del arsenal terapéutico farmacológico de la dispepsia se utilizan fármacos antidepresivos y ansiolíticos. Uno de los motivos por los que se inició su uso fue la relación entre el estado de ánimo y la aparición de cuadros dispépticos. Se ha probado que, efectivamente, tiene una relación en la aparición de estos síntomas, pero también se ha visto que el mecanismo de estos fármacos actúa a nivel central produciendo una mejora en la hipersensibilidad visceral de estos pacientes, modificando el umbral de dolor y la acomodación gástrica.
Hay evidencia de que el uso de antidepresivos tricíclicos a dosis más bajas que las habituales ejerce una discreta mejoría en pacientes dispépticos refractarios a tratamientos convencionales. Existe menos evidencia de que los inhibidores de la receptación de la serotonina sean efectivos. El subgrupo de pacientes que se beneficia más del tratamiento con estos fármacos son aquellos con síndrome de dolor epigástrico y con trastornos psiquiátricos previos.

Más información sobre la dispepsia con la Dra. Pilar Esteban en el siguiente vídeo:

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